Alba & Emilio: boda en El Telar de Miquel Martí
3 octubre 2020 · una boda ferroviaria en plena pandemia
Siempre contamos esta historia diciendo que, en realidad, el reportaje de Alba y Emilio lo contrató primero el padre de la novia. Alba trabajaba entonces en Arabia Saudí, en la ciudad de Jeddah, como supervisora y formadora de seguridad en Circulación en ADIF, dentro del proyecto del AVE de Alta Velocidad Haramain, por lo que no estaba en España cuando empezó todo.
Fueron sus padres quienes le hablaron de Video-Boda. Mucho más tarde, cuando la reserva del reportaje ya estaba formalizada, nos conocimos por fin en el estudio. Y aquella relación que había empezado prácticamente a distancia terminó convirtiéndose en una de esas bodas que sigo recordando por la cantidad de detalles personales que había detrás de cada decisión.
¿Cómo se conocieron Alba y Emilio?
Su historia comenzó bajo una lluvia torrencial. Era una tarde de agosto y se conocieron en un curso preparatorio para unas oposiciones: él era alumno y ella profesora. Aquel encuentro acabó creciendo hasta llevarlos, años después, al 3 de octubre de 2020, cuando por fin pudieron celebrar una boda que inicialmente estaba prevista para abril y que la pandemia obligó a replantear por completo.
No fue simplemente cambiar una fecha. Hubo que reorganizar proveedores, espacio y expectativas en unos meses en los que nadie dentro del sector de las bodas había vivido antes una situación parecida. Precisamente por eso, cuando finalmente llegó el día, cada abrazo, cada discurso y cada pequeño gesto parecían tener todavía más valor.
1. FAMILIAS DE FERROVIARIOS
LOS PREPARATIVOS DE LA BODA
La tradición ferroviaria estaba por todas partes. Emilio es hijo y biznieto de ferroviarios, mientras que Alba es nieta, hija y hermana de ferroviarios. No era un detalle decorativo añadido a última hora: formaba parte de la historia de las dos familias.
La invitación utilizaba una fotografía de la pareja en un andén; el seating plan jugaba con maletas de viaje y con un panel de salidas inspirado en la Estación del Norte; y después de la ceremonia fuimos precisamente allí para realizar parte del reportaje de pareja. Todo tenía un hilo conductor y ese hilo era el ferrocarril.
Los preparativos empezaron temprano. Emilio se arregló en casa de sus padres, acompañado por ellos y por su hermana, con un traje de Penhalta que le sentaba como un guante.
Alba se vistió en su propia casa. Hasta allí acudieron José Téllez para maquillaje y peluquería y yo para comenzar el reportaje. En la misma finca vivían sus padres, así que su madre, Juani, pudo acercarse para ayudarla. También estuvieron su hermana y una de las grandes protagonistas de aquella mañana: su abuela de 97 años, que conservaba el humor y las ganas de disfrutar de la boda de su nieta. Nos regaló momentos maravillosos tanto en fotografía como en vídeo.
La historia del vestido siempre me ha parecido especialmente bonita. En uno de sus viajes a España, Alba fue a probarse modelos de Jorge Aparisi en Sposa de Gaudin. Había visto por internet vestidos románticos, campestres y naturales, pero el que terminó eligiendo se lo sugirió la dependienta. Al verlo en la percha pensó algo parecido a: «Bueno, me lo pruebo, pero no me gusta».
Cuando se lo puso cambió completamente. Se miró al espejo e imaginó qué pensaría Emilio al verla entrar en la iglesia del brazo de su padre. No lloró al verse vestida, pero necesitó comprobar algo: llamó a su padre para que fuera a verla, se colocó a su lado y le pidió que le diera el brazo. Se miraron juntos en el espejo y Alba lo tuvo claro: «Sí, ya está. Este es».
2. LA IGLESIA DEL PILAR
RECUERDOS FAMILIARES Y FOTOGRAFÍAS EN LA ESTACIÓN DEL NORTE
Para Alba, sus abuelos siempre han tenido un peso enorme. Recordaba especialmente a una de sus abuelas, ya ausente, que había cuidado de ella y de su hermana Raquel y cuya falta había sentido especialmente con el paso del tiempo. Alba siempre ha disfrutado conversando con las personas mayores y aquella abuela, de tradición cristiana, era especialmente devota de la Iglesia del Pilar.
Casarse allí fue una forma de tenerla presente. Además, sus propios padres se habían casado en esa misma iglesia 39 años antes, de modo que el lugar unía varias generaciones de la familia. Durante el reportaje Alba incluso repitió una fotografía en el mismo pilar en el que su madre se había fotografiado aproximadamente cuarenta años antes. Ese tipo de detalles son los que hacen que una boda deje de ser simplemente bonita y empiece a tener memoria.
El Taller de Clo se encargó del arreglo floral y del ramo de novia. Y durante la ceremonia hubo también un discurso precioso del padre de Alba: 39 años después de haberse casado allí, estaba viendo a su hija comenzar su propia historia en el mismo lugar.
Después de la ceremonia continuamos con esa idea ferroviaria que atravesaba toda la boda y nos desplazamos a la Estación del Norte de Valencia para realizar parte de las fotografías de pareja. No era una localización elegida porque quedara bien: tenía sentido dentro de la historia de Alba y Emilio y de las familias de las que venían.
3. EL TELAR DE MIQUEL MARTÍ
UNA BODA QUE TUVO QUE REINVENTARSE DURANTE LA PANDEMIA
Si una cosa me dejó clara Alba desde el principio es que quería que yo fuera su fotógrafo de boda. La fecha inicial estaba prevista para abril de 2020, pero el confinamiento obligó a retrasarla y el cambio acabó afectando incluso al espacio de celebración.
En aquel proceso hablamos de distintos lugares. Le recomendé Mas de Canicatti, de Miquel Martí, pero cuando Alba lo visitó después del confinamiento no terminó de verse allí. En ese momento estaba naciendo un nuevo espacio: El Telar de Miquel Martí. Todavía se estaba terminando y recuerdo perfectamente cuando Alba me llamó diciendo que había que echarle imaginación, porque ni siquiera estaba acabado. Y aun así fue un flechazo.
Hoy esta boda forma parte de nuestra ficha de El Telar de Miquel Martí, donde reunimos historias reales celebradas en este espacio. La boda de Alba y Emilio quedó ligada para siempre a aquellos primeros meses de vida del lugar y a un 2020 en el que todo el sector tuvo que aprender sobre la marcha.
Alba y Emilio se iban a casar originalmente en abril de 2020. La pandemia obligó a retrasar la boda hasta octubre y durante aquellos primeros meses de cierre todo fue bastante caótico: parejas y proveedores estábamos intentando resolver una situación para la que nadie tenía un manual.
Llegar finalmente al 3 de octubre fue, por sí mismo, parte de la historia. No era la boda que habían previsto inicialmente, pero sí era su boda, y consiguieron llenarla de detalles personales a pesar de todas las restricciones del momento.
La entrada de los novios al cóctel fue espectacular. Llegaron con el clásico «John Spirit», un Buick de 1946, descapotable, blanco perla, con interior de cuero blanco, detalles cromados y madera, de la empresa de coches nupciales Sau Class.
A aquello se sumaron saxo y violín en directo y una entrada que sigue apareciendo en nuestra guía de ideas para la entrada de los novios al banquete o al cóctel. Son esos instantes que duran apenas unos minutos, pero que años después siguen funcionando perfectamente en vídeo.
Recuerdo aquella entrada como uno de los grandes momentos de mis bodas de 2020. Había alegría, música en directo, un coche con muchísima personalidad y esa sensación extraña de estar celebrando después de meses en los que parecía imposible saber cuándo volveríamos a hacerlo.
El espacio elegido funcionó muy bien para el tipo de boda que habían preparado: cóctel, música, entrada y celebración podían formar parte de una misma narración sin que el reportaje tuviera que separar artificialmente cada momento.
4. CÓCTEL, BANQUETE, BAILE Y FIESTA
MÚSICA, FAMILIA Y UN TRÁILER QUE TODAVÍA EMOCIONA
Después de la entrada con saxo y violín, la celebración siguió con la música de Alkilaudio y con el despliegue gastronómico de Miquel Martí: platos circulando por el cóctel, el gran buffet de quesos y una puesta en escena muy reconocible de la casa. Siempre me hizo gracia uno de sus lemas: «seguimos aprendiendo», porque resume bastante bien esa obsesión por continuar probando cosas incluso cuando ya tienes una trayectoria consolidada.
La entrada al banquete, incluso con las restricciones por COVID, desbordó alegría. Hubo momentos especialmente familiares: el abrazo de Alba a su madre, la entrega del ramo a su hermana Raquel y el inicio del baile nupcial, que abrió el propio padre de la novia. Hacía tiempo que no veíamos a un padre abrir de aquella manera el baile y se notaba cuánto estaba disfrutando ese instante con su hija.
De nuestra parte, la boda incorporó también Photofriends, con revelado desde los móviles de los invitados, el photocall con impresión y el videoconfesionario, que durante la fiesta tenía una pantalla de previo para que los asistentes pudieran dejar unas palabras a los novios y formar parte también del recuerdo final.
5. UNA EXPERIENCIA QUE SIGUE TENIENDO VALOR CON LOS AÑOS
EL FINAL DE UNA BODA QUE COSTÓ MUCHO PODER CELEBRAR
Hay una imagen de aquella noche que también recuerdo bien: Miquel Martí seguía personalmente a pie de cañón hasta el final. Lo vi sirviendo el resopón a los invitados, junto a unas brasas recién preparadas, con pequeñas hamburguesas para cerrar la celebración.
Ese culto al esfuerzo siempre me ha parecido una de las cosas más interesantes de su manera de trabajar. Y es una filosofía que compartimos: en una boda no puedes bajar el ritmo porque hayan pasado muchas horas. Los últimos abrazos, una conversación en el confesionario o una reacción inesperada durante la fiesta pueden acabar siendo tan importantes como cualquiera de los momentos grandes del día.
Después de una boda aplazada, un cambio de espacio, meses de incertidumbre y todas las restricciones de 2020, Alba y Emilio consiguieron celebrar exactamente lo importante: estar juntos, rodeados por su familia, y guardar una historia que sigue teniendo sentido cada vez que vuelven a verla.
La opinión de Alba & Emilio
Si deseas revivir tu boda cada vez que reproduzcas el vídeo o mires una foto de ese día tan especial, elegir a estos profesionales es, sin duda, la mejor decisión.
No importa cuántos años pasen, sigo emocionándome y transportándome a ese momento que, aunque no vuelve, Israel logra que perdure para siempre.
En cuanto al material y como proveedor, es excepcional. Como persona, me quedo sin palabras para describirlo. Tendría que ser una emoción, y hasta ahora, solo se pueden sentir.
GRACIAS, ISRA.
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